Las Cavas
03.30
Con anterioridad a las tecnologías del actual industria frigorífica, el aprovechamiento del frío natural favoreció el desarrollo del comercio de la nieve, que tuvo su máximo esplendor entre los siglos XVII y XIX. Recolectar la nieve, conservarla, hacerla viajar, venderla y consumirla, forman el ciclo de una actividad desaparecida, protagonizada por jornaleros, arrieros y hombres de negocios. Del testigo de esta actividad se conservan grandes depósitos para el almacenamiento de la nieve —denominados pozos de nieve, neveras o cavas—, que hoy son las arquitecturas que singularizan determinados parajes de las montañas valencianas; un patrimonio que logra un protagonismo destacado en los municipios de la Sierra de Mariola, por la monumentalidad de los depósitos y por el elevado número de las construcciones que se han conservado.
En la Edad Moderna el consumo de la nieve se popularizó entre las diferentes clases sociales, que se sirvieron de su propiedad fundamental —el frío— para usos terapéuticos, alimentarios y gastronómicos. El flojo comercial de la nieve de Mariola se dirigia al abastecimiento de ciudades como Xàtiva, Ontinyent, Gandía y otras poblaciones de las comarcas del Valle de Albaida, la Costera y la Ribera.
En el término municipal de Bocairent se localizan diversas de estas construcciones: la monumental Cava de En Miquel y las denominadas Cavetes de Xàtiva son ejemplos destacados de la arquitectura del comercio de la nieve en la Sierra de Mariola, pero también lo es la Cava de Sant Blai, que se localiza a espaldas del barrio medieval de Bocairent, al lado del camino de les Covetes de los Moros, de la que se conocen documentos sobre su explotación en el siglo XVIII.


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gr l hopman